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Darle una oportunidad a la vigencia

Hoy por la mañana me levanté con la idea fija de escribir este artículo disfrutando de un grandioso café italiano en medio de la ciudad alemana de Nürnberg, aprovechando las bondades que ofrece una jornada libre de trabajo marcado por el feriado del mes de Agosto, día de Asunción de La Virgen. Por razones que desconozco, camino a la cafetería visualizaba en mi mente el reencuentro con aquellas acogedoras dueñas que atienden a sus clientes con tanta dedicación. Llegué. Y allí estaban. Pero noté algo diferente en el ambiente; un aire que no era el que yo estaba acostumbrado a respirar de modo regular, pero no consigo dar cuenta de ello muy a pesar de mis notorias cualidades de observación, aunque mientras ordeno el cappuccino logro dar en la tecla. Faltaba ella: la imponente máquina Elektra, una bellísima pieza de arte fabricada completamente en bronce que solía estar sentada en el mostrador para que cada visita se sienta abrazada y tranquila de que iba a disfrutar de un café de calidad (sin entrar en apologías, los que están interesados en el mundo cafetero sabrán comprenderme).

Al ver que su reemplazo no calificaba tan alto como la diosa Elektra, procedo a preguntarle por ella a una de las dueñas con un cierto dejo de resignación ante su posible respuesta, pero afortunadamente aquella pieza de arte estaba siendo reparada para luego volver a vestir dicho establecimiento. Me alegré por dentro y me sentí algo aliviado, debo reconocer. Y, como ya me conozco, por supueseto mi mente comenzó a trabajar, a analizar hechos y curiosidades, atando cabos sueltos que podrían dar lugar a una historia. De modo que presté atención a los signos endógenos que recorrieron el cuerpo, al mismo tiempo de analizar la fecha cristiana que se celebra hoy, ideas que se conectaron naturalmente como por arte de magia con el concepto de la vigencia.

En un mundo tan volátil en el que las cuestiones cambian su naturaleza de modo tan repentino y cuyos paradigmas o status quos poseen una duración tan fugaces como los de una corriente de viento, me di cuenta de que la vigencia es una de las características que marcan una sustancial diferencia en todo lo que nos rodea y emprendemos. Así como yo dí por muerta a Elektra, hay que reconocer también que ambos el medio y los fanáticos dieron por terminadas las carreras de Rafael Nadal y Roger Federer cuando comenzaron a presentar dificultades para ganar títulos del modo en el que nos tenían acostumbrados, sumándole la aparición de imprevistos físicos propios del desgaste y de la edad. Vivimos en un mundo tan exitista, competitivo y superfluo que ya los estábamos reemplazando por otros tenistas que formaban parte de una nueva generación.

Hasta que ellos mismos se dieron la oportunidad para tomarse un descanso, repararse y volver más fuertes que antes. Pocos creyeron. Pocos tenían fe. Muchos ya estaban preparando las fechas de sus respectivos partidos de despedida. Pero ellos creyeron, ellos tuvieron la valentía y visión estratética necesarias para reinventarse, para buscar soluciones que les permitieran adaptarse mejor a los tiempos que corren y a las nuevas tendencias que salían a la cancha. Y un día volvieron. No sólo para revivir los duelos tenísticos entre ambos que tantas emociones nos brindaban ni para ganar grandes torneos, sino para también pelear nuevamente mano a mano por el puesto número 1 del ranking mundial, y lo mejor de esta magnífica oferta es que la publicaron a una edad más que avanzada (deportivamente hablando, claro está). Por supuesto que llegará un punto en el que no podrán reinventarse más desde el aspecto competitivo, pero sí lo podrán hacer fuera de los courts, tal cual lo describimos en el artículo anterior con los casos de Michael Jordan, por ejemplo. Mientras tanto, el rey del polvo de ladrillo volvió a ser la raqueta más importante del planeta tenis. Y este duelo recién comienza…

Paralelamente a lo religioso, a lo deportivo y a Elektra, me pregunto cómo hacen aquellas marcas tan longevas y de relevancia marketinera para mantenerse vivas (y líderes) a pesar del paso del tiempo; la respuesta es nuevamente la oportunidad que las mismas se otorgan para que el término “vigencia” se entrometa todos los días entre sus operatorias y reuniones de trabajo, y tenemos multiples casos exitosos como aquellas marcas que comenzaron a diversificar sus negocios aún estando en la cúspide para evitar lo que le ocurrió a Kodak por no permitirse vivir el “Efecto Elektra” y prestarle atención a los signos que el mercado y las nuevas tendencias le estaban presentando. Sin alejarnos del deporte encontramos el caso Puma y su recuperación basada en la presentación de un look más casual y fashion para la indumentaria deportiva desde hace ya varios años. Es cierto que estaba presentando una caída sustancial en sus resultados, pero también es loable que hayan tenido la humildad y sabiduría necesarias para reconvertir su estrategia y así revertir la historia antes de tiempo.

Para trascender las fronteras del tiempo y lograr una permanencia que permita prolongar los ciclos de vida, es necesario atravesar por lo que atravesó Elektra, aunque no necesariamente hay que esperar a que la cuestión esté herida de muerte, pero sí es justo estar atentos para detectar a tiempo aquellas señales que nos permiten darnos cuenta de que hay que dar un golpe de timón y re-encausar el rumbo. Cuanto más atentos se esté al entorno y al accionar de uno mismo como ente, más probabilidades y opciones se tendrán para sobrepasar los escollos que se presenten. Y así le ocurren a las marcas, a los deportistas de elite y a las maquinarias, por supuesto.

Como bien cita el refrán: “Mejor prevenir que curar”.

Acerca del autor

Juan Manuel Rodríguez Cortes

Juan Manuel Rodríguez Cortes

Licenciado en Administración. Especialista en Marketing.

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